viernes, 8 de febrero de 2013

Día 1


Ya terminaban las vacaciones de verano y mañana comenzaría el instituto. Mi primer día en el instituto nuevo. Otro año más a mi padre le transladaban, este año le tocaba a Galway en Irlanda. Nunca había venido a Irlanda, es preciosa por lo que he visto y por lo que me queda por ver. Todo son prados verdes y su olor es a naturaleza pura. Cuando mis amigas de mi antiguo instituto me decían que tenia suerte por venir aquí llevaban razón, las vistas son preciosas y aun que no haya hablado con nadie, a la gente se le ve atenta y generosa, no como en América.
Salí a la calle, necesitaba tomar el aire. Era el ultimo día de verano y este buen tiempo no estaría siempre. Caminaba con las manos en los bolsillos y con la mirada hacia el suelo. De vez en cuando la levantaba para ver el camino y a las personas con las que me cruzaba, muy simpáticas por cierto, todas me sonreían. Esto me empezaba a gustar.
Llegué a la heladería más cercana, me apetecía un helado. Aun que hiciera fresco, un helado apetece siempre. Entré dentro, solo había 3 de 15 mesas ocupadas, y en dos de ellas habían parejas, y como no, besándose y compartiendo un helado. Me acerqué a la barra intentando no mirarles, pero a veces me era imposible hacerlo. Allí me esperaba una mujer, con una sonrisa de oreja a oreja y un aspecto italiano.
-Buongiorno, ¿que desea?
-Hola, ¿podría ponerme un helado de vainilla y cookies?
-Claro, enseguida. Si lo deseas puedes sentarte en una de nuestras mesas
-De acuerdo, muchas gracias-me fijé en su cartelito de la camisa- Gracias, Linda. -así se llamaba, o eso ponía en el cartelito.
Me hizo un gesto con la cabeza, yo le sonreí.  Fui hacia una mesa que había al lado de la ventana, y me quedé mirando por ella mientras me servían mi helado. Se estaba realmente bien aquí. El ambiente era bastante relajado. Por la ventana podía observar a la gente pasar. Habían niños y niñas de todas las edades, algunos que supongo que son de mi edad, eran bastante atractivos, pero iban con más chicas. No encajaba ahí.
-Perdone signorina, ¿me permite?
Giré mi cabeza y me aparté rápidamente para que pueda colocar mi helado en la mesa. Alcé la mirada porque este cuerpo no pertenecía a la mujer que había en la barra. Era un chico joven, moreno, de 1'75 de altura, y unos ojazos grises impresionantes, y al parecer de 18 años como mucho.
-P-perdona -me sonrojé un poco
-No se preocupe, pasa mucho
Y de repente dejó salir su sonrisa perfecta y blanca dejandome KO . Dejó torpemente mi helado en la mesa, pero aún así no deje de mirarle y él a mi tampoco. Cogí el helado y en un momento de despiste rocé sus dedos con los mios. Esa sensacion tonta que te produce alguien cuando menos te lo esperas.
-Gracias
-De nada signorina


Terminé mi helado, ya era hora de pagar.  Me levanté de mi asiento y fui hacia la barra. Antes, mientras me lo tomaba, el camarero no dejaba de pasar a mi lado y de sonreirme, me ponía bastante nerviosa la verdad.
-¿Me puede decir la cuenta por favor?
-Le han invitado signorina
-¿Me han invitado?¿Quien ha sido?
Linda, señaló al camarero, no me lo podía creer. Me acerqué a él, estaba sentado en uno de los taburetes de la barra.
-¿En que puedo ayudarla?
-¿Has sido tú quien me ha invitado a mi helado?
-Puede... no suelo invitar a chicas
-¿Ah, no? -que misterioso resultaba ser este chico. Parece tímido, pero el punto misterioso le hacia sexy- ¿Puedo saber al menos tu nombre?
-Jason, ¿y el tuyo?
-Leila
-Nunca te he visto por Galway, ¿eres nueva verdad?
-Si, me he mudado hace unos dias y apenas conozco esto
-Podría hacerte una visita guiada
-Puede...no suelo dejar que chicos me hagan visitas guiadas- Ambos reimos- Me tengo que ir. Me pensaré la visita -me di la vuelta y me dirigí hacia la puerta.
-¡Espera! -interrumpió mi camino- ¿como puedo contactar contigo?
Me encogí de hombros y salí de la heladería con una sonrisa de oreja a oreja. Esto había sido bastante excitante y misterioso. Me gusta. Alcé mi mirada al cielo, no habían apenas nubes. Hace buen día. Me dirigí a casa.

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